568. Sobre la escena inconsciente de “Pegan a un niño”
En 1919, Sigmund Freud publica un breve texto denominado “Pegan a un niño”. Lejos de tratarse de un relato sobre violencia real, Freud se adentra en la lógica de una fantasía inconsciente que aparece con frecuencia en la clínica con sujetos neuróticos. La tesis de Freud es que el sujeto no recuerda simplemente lo vivido, sino que fantasea para dar forma a deseos reprimidos.
Freud muestra en su texto, que esta fantasía no es fija, sino que atraviesa tres transformaciones. En una primera escena, un niño —generalmente un rival— es castigado. En una segunda fase, más profunda e inconsciente, el sujeto ocupa el lugar del castigado: “yo soy pegado por el padre”. Finalmente, en la forma que suele recordarse, la escena se vuelve impersonal: “pegan a un niño”. Esta última versión encubre lo esencial: el vínculo entre castigo, deseo y satisfacción.
Lo que Freud pone en evidencia es inquietante, pero al mismo tiempo, es el descubrimiento más relevante del psicoanálisis: el castigo puede volverse fuente de placer. Aquí se abre el problema del denominado masoquismo, no como una desviación de carácter perverso en el sujeto, sino como una dimensión estructural de la vida psíquica. Así pues, el sufrimiento, lejos de oponerse al placer, puede estar íntimamente ligado a él. Es lo que Lacan denominó el «goce», esa extraña satisfacción que el sujeto encuentra en el dolor, el malestar, el displacer o el sufrimiento. Esa articulación remite al núcleo del complejo de Edipo, donde amor, rivalidad y culpa se entrelazan en la relación con la figura paterna.
Cuando Lacan retoma el texto de Freud, a él no le interesa únicamente qué significa la fantasía, sino cómo está estructurada y qué lugar ocupa el sujeto en ella. Para ello, propone una fórmula: la fantasía como relación entre un sujeto dividido y un objeto que causa su deseo.
Desde esta perspectiva, la escena “pegan a un niño” revela algo fundamental: el sujeto no siempre aparece como protagonista. Por el contrario, en su forma final, queda borrado de la escena, reducido a la posición de espectador. Sin embargo, es precisamente ahí donde encuentra su satisfacción. El goce no depende de participar directamente, sino de ocupar una cierta posición en la estructura de la fantasía.
El niño castigado, en este montaje, encarna lo que Lacan llama el objeto a: no un objeto real, sino aquello donde se concentra el goce. De manera inconsciente, el sujeto no solo observa esa escena, sino que se identifica con ese lugar, con ese objeto que recibe el castigo. Así, la fantasía responde a una pregunta decisiva en la vida de todo sujeto: ¿qué soy para el deseo del Otro?
La enseñanza clínica de este recorrido es clara. La fantasía no es un simple contenido imaginario, sino un guion inconsciente que organiza la experiencia del sujeto, sus síntomas y sus modos de satisfacción, es decir, de goce. En el trabajo analítico, no se trata solo de interpretar lo que la fantasía “quiere decir”, sino de ubicar cómo el sujeto se inscribe en ella y qué tipo de goce se juega en esa posición.
“Pegan a un niño” sigue siendo, hoy, una vía privilegiada para comprender que el sujeto humano no coincide consigo mismo, que su deseo está estructurado por escenas que lo exceden, y que, en el corazón de su sufrimiento, puede anudarse una forma paradójica de satisfacción.
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