581. El Otro no es una «conciencia colectiva» y el deseo es metonímico
Para que una agudeza o chiste tenga lugar, el esquema dual de la comunicación falla. A diferencia de lo «cómico», que es una relación de dos (alguien se ríe de otro que se cayó al suelo), el Witz (chiste) exige la sanción de un tercero: el Otro (con mayúscula). Lacan (1999) es mordaz al respecto: rechaza frontalmente términos como «conciencia colectiva», calificándolos de nombres «imbéciles y delirantes». El Otro es el lugar del código, el garante de la lengua. Incluso si el sujeto está solo en una isla desierta, el chiste necesita al Otro porque la lengua que posee es prestada de él. Sin la sanción de este garante que decodifica la agudeza, el mensaje se degrada a un simple lapsus o a un ruido sin sentido. El Otro es quien «devuelve la pelota» y dispone el mensaje en el código como una verdad aceptada. El sentido de un chiste o una frase no es una chispa instantánea; tiene una dimensión de historia, un espesor temporal. Lacan (1999) recurre a la imagen del colchonero y su punto de cap...

