587. ¿Qué significa «no ceder sobre su deseo»?

Esta es probablemente la enseñanza ética más conocida del Seminario VII, La ética del psicoanálisis. Lacan (1990) afirma: "Propongo que de la única cosa de la que se puede ser culpable, al menos desde la perspectiva analítica, es de haber cedido en su deseo" (p. 379). Esto no significa «hacer siempre lo que uno quiere», pues no ceder sobre el deseo no equivale a satisfacer todos los impulsos. Al contrario, supone distinguir el deseo inconsciente de la voluntad consciente, del capricho o o del impulso inmediato. La cuestión ética sería más bien esta: ¿qué hace el sujeto con aquello que descubre como su deseo?

Aquí se presenta un problema relacionado con la culpa. Esta aparece cuando el sujeto traiciona su deseo, de modo que no se reduce a haber violado una norma moral externa: puede surgir cuando el sujeto cede respecto de aquello que causa su deseo, es decir, cuando renuncia a él para acomodarse a las expectativas del Otro. Por ejemplo, alguien puede decir: «Tengo todo lo que debería querer, pero no sé por qué no deseo esto». El análisis puede mostrar que ese «debería» pertenece al campo de las demandas del Otro, mientras que el deseo del sujeto se encuentra en otro lugar.

En el axioma «no ceder sobre su deseo», ¿qué significa «ceder»? No significa simplemente renunciar a un placer, sino retroceder respecto del propio deseo para someterse a otra cosa: al ideal, a las expectativas del Otro, a las exigencias sociales, a una determinada imagen de uno mismo, etc. El sujeto puede decir: «Esto es lo que debo hacer» y, sin embargo, aquello que «debe» hacer puede estar funcionando como una manera de evitar la pregunta por su deseo.

Por eso Lacan introduce una pregunta ética radical: «¿qué ocurre con mi deseo cuando hago aquello que creo que debo hacer?». Para Lacan, el deseo no es voluntad, necesidad, capricho ni satisfacción inmediata; es inconsciente y está estructurado por la falta y por el lenguaje. Con frecuencia el sujeto cree saber lo que quiere, pero el análisis descubre que detrás de esa voluntad consciente hay otra cosa. Por eso «no ceder sobre su deseo» no significa hacer aquello que le viene en gana, sino no retroceder ante lo que el análisis permite reconocer como el deseo que está en juego en la propia posición subjetiva.

Desde la moral, el sujeto podría preguntarse: «¿He cumplido con mi deber?». La ética del psicoanálisis, en cambio, preguntaría: «¿Qué has hecho con tu deseo?». Aquí aparece, además, la célebre formulación lacaniana: «De lo único de lo que se puede ser culpable es de haber cedido en su deseo» (Lacan, 1990, p. 379). Un sujeto puede haber cumplido perfectamente con sus obligaciones y, aun así, experimentar una culpa profunda porque ha renunciado a algo de su deseo para satisfacer las demandas del Otro.

Imagínese una persona que durante años dice: «Estudié esta carrera porque era lo que mis padres esperaban de mí». Más tarde afirma: «Conseguí el trabajo que ellos consideraban adecuado». Después: «Formé la familia que se suponía que debía formar». Y finalmente: «Tengo todo lo que debería hacerme feliz, pero no sé por qué estoy insatisfecho». Desde una perspectiva moral convencional, ese sujeto parecería alguien que lo ha hecho todo correctamente. Lo que el psicoanálisis le preguntaría es qué deseo quedó sacrificado para poder ocupar ese lugar de «buen hijo», «buen profesional» o «persona correcta». La cuestión ética, desde el psicoanálisis, no consistiría en decirle qué debería hacer, sino en permitirle encontrarse con la responsabilidad respecto de su deseo.

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